Los niños corretean de un lado a otro en Nuquí./ Fot: Natalia Gómez Carvajal.

Los niños corretean de un lado a otro en Nuquí./ Fot: Natalia Gómez Carvajal.

Al aterrizar en Nuquí, Colombia, se hace evidente que ahí vive una comunidad que permanece en contacto constante con el medio ambiente. Este destino en el Pacífico colombiano está encerrado por la selva para mantenerlo como un tesoro donde el canto de los animales, el rugido de las olas y el murmullo de las hojas mecidas por el viento son un regalo.

Esta es la tierra de la tranquilidad, una que le hace homenaje al nombre del mar que la baña, aunque en sus playas se crispe y se convierta en olas. Lejos de todo, obliga a desconectarse del exterior y así aguzar los sentidos para sentir las vibraciones de la naturaleza.

Tierra de etnia y cultura

Los niños corretean de un lado a otro en Nuquí./ Fot: Natalia Gómez Carvajal.

Los niños corretean de un lado a otro en Nuquí./ Fot: Natalia Gómez Carvajal.

Atraídos por el caucho y sus posibilidades de comercialización, varios grupos de comunidades negras se desplazaron hacia las playas de Chocó, departamento en el Pacífico colombiano. Hoy son pescadores o se dedican al turismo, una de las principales actividades económicas de la región.

Al llegar se encontraron con varias comunidades indígenas pertenecientes a la etnia embera. Sus asentamientos se encuentran en zonas selváticas y muy separados entre sí. Mientras tanto, las comunidades negras se agruparon en grandes comunidades, dando lugar a las poblaciones de mayor tamaño en el Chocó. También pueden encontrarse personas de otras regiones como Medellín y Cali.

Nuquí es una de las poblaciones más interesantes en las costas del Pacífico porque reúne estas dos etnias. Entre calles polvorosas y construcciones de zinc y madera los indígenas se desplazan de un lado al otro y le dan vida con sus artesanías de wérregue y tagua e incluso totumo.

Olas y mar para el surf y el buceo

Los fuertes vientos del Océano Pacífico producen las mejores olas para surfear. Nuquí cuenta con la suerte de tener sus costas sobre este inmenso mar, por lo cual se ha convertido en un lugar muy atractivo para deportistas de todo el mundo.

Hay playas como las de Terquito, en las cuales el oleaje es perfecto para aprender: constante y lo suficientemente fuerte para poder levantarse sobre ellas sin que sea toda una odisea. Si se es un experimentado surfista, Cabo Corrientes, Pico de Loro, Pela Pela, Juan Tornillo y El Derrumbe son la elección más natural, porque representan un verdadero reto.

Entre julio y octubre, las Ballenas yubartas y las tortugas migran hacia el Pacífico colombiano para aparearse y tener sus crías.

Bajo las aguas, el ambiente se llena de colorido: cardúmenes de peces, delfines, tortugas, en incluso ballenas jorobadas, las cuales llegan a las costas del Pacífico colombiano entre Julio y Octubre. Cuando se hace buceo de profundidad, es recomendable ir con un buzo certificado uno mismo u obtener el título PADI, dadas las fuertes corrientes marinas.

Esta riqueza de fauna marina hace que el avistamiento de ballenas y la pesca deportiva (controlada) sean dos de las actividades preferidas por viajeros. Durante una sesión de pesca, pueden obtenerse peces como el dorado, el pez vela, el marlín azul, diferentes atunes, sierras, pargos y bravos.