Al sumergirse en Caño Sangre, adonde se llega desde Mitú luego de un viaje en lancha de tres kilómetros, se tiene la sensación de que la piel cambia de color y adquiere tonos entre anaranjado y rojo. El efecto lo producen las hojas de los bosques tropicales que se descomponen en el agua. En esta zona es posible pescar, acampar, apreciar caídas de agua y observar aves, entre otras cosas.