Esta es una travesía fantástica llena de paisajes reales y de personajes ficticios que tienen sus orígenes en la imaginación de un genio y en la naturaleza de una Región que hace arder el corazón de quien la visita, cuando se enfrenta a sus impresionantes contrastes.  

El escritor colombiano Gabriel García Márquez narró con asombrosa lucidez lo que sus ojos veían y lo que sus oídos escuchaban y los puso en los ojos y en los oídos de otros, y así, al proyecto escrito que llevó a cabo lo encasillaron en un género único poniéndole un nombre internacional: realismo mágico. En este género literario escribió casi canciones, enteramente novelas. Nadie puede creer tan solo con leer, que exista un territorio de esa belleza, de esa magnitud.
 

El caribe
Foto. ProColombia


Un recorrido por los lugares que describe en sus novelas, eso es lo que muchos viajeros necesitan para darse cuenta de que los escenarios que describe el Nobel colombiano no son sacados de la nada. Todo es real. Tan real que pueden ser visitados. Y, no solo porque los sitios turísticos que narra en sus obras son enteramente ciertos, sino porque las culturas y el ambiente en el que narra sus historias son parte de la cultura caribe colombiana. 

Sus personajes y Macondo, eso fue lo que sacó realmente de su imaginación. Vallenatos, cumbias, y otros ritmos caribeños adornan a sus libros de entre los cuales afirmó alguna vez: “Cien años de soledad es un vallenato”.

Santa Marta 

Empezaremos nuestro recorrido por Santa Marta, una ciudad histórica, la primera en ser colonizada y fundada en Colombia. Un destino imperdible por su ubicación a los pies de la Sierra Nevada de Santa Marta y en la costa del Mar Caribe.  

Una ciudad amable, en la que se realizan en el mes de julio las Fiestas del Mar.  Playas de arenas blancas y un puerto al que llegan embarcaciones del mundo entero adornan la belleza de esta ciudad que guarda con celo su tradición colonial.  

La visita al centro histórico es obligatoria; allí se encuentran edificios de estilo colonial español, hoteles, restaurantes, cafés y la Catedral de Santa Marta, la primera de América Latina construida en 1760, en la cual reposaron los restos del Libertador -Simón Bolívar- durante 12 años en el siglo XIX. 

La Bahía de Santa Marta es una atracción para caminar y contemplar los atardeceres de la que escribía el autor en la novela “El General en su laberinto”: 

“Sin apartar la vista del esplendor de la bahía de Santa Marta que él mismo había considerado como la más bella del mundo. –Me duelen los ojos de tanto mirarla.”

Santa Marta
Foto: ProColombia


El Parque de Bolívar, el Parque de los novios y la Casa de la Aduana, son lugares representativos de la ciudad que vale la pena recorrer. La Quinta de San Pedro Alejandrino, es una hacienda que guarda los recuerdos de los últimos días de Bolívar, en la que actualmente existe además un Jardín Botánico y en la que otrora se sembrara caña para la producción de panela, miel y rón. 

El Parque Tayrona

El recorrido continúa muy cerca de la ciudad, en el Parque Nacional Natural Tayrona, que sin duda alguna inspiró al Maestro para escribir y describir el territorio en el que ocurría su novela.  

“Al otro lado de la Ciénaga Grande se alzaba la corona de hielos eternos de la Sierra Nevada de Santa Marta” 

El general en su Laberinto

Este viaje cambia la perspectiva de la vida de todos los visitantes. La Sierra además de ser catalogada por la UNESCO como Reserva Biosfera, es el lugar en el que el pasado se toca con el presente, los indígenas guardianes de la Sierra, esperan amablemente a los viajeros, hermanos menores, para transmitir sus conocimientos, sus reflexiones y tradiciones ancestrales.

La Guajira

En el camino hacia Riohacha (Departamento de Guajira), por la carretera en la que el mar besa el camino, en los municipios de Palomino y de Dibuya, la experiencia de adentrarse y subir la montaña para flotar por el río abajo hasta la desembocadura en el mar es una de las sensaciones que más disfrutan los viajeros de la zona. 

“José Arcadio Buendía ignoraba por completo la geografía de la región. Sabía que hacia el Oriente estaba la sierra impenetrable, y al otro lado de la sierra la antigua ciudad de Riohacha” 

Cien años de soledad

A unas cuantas horas, se encuentra la ciudad de Riohacha, lugar de donde salen los protagonistas de Cien Años de Soledad para fundar Macondo. Un espacio culturalmente inagotable, de donde el escritor aprendió a contar historias fantásticas como si fueran reales. 

Guajira


Los indígenas Wayúu pertenecen a esta zona del país, y tienen lazos de sangre con el escritor pues su abuela pertenecía a esta etnia. Las rancherías esperan a los viajeros para contar sus tradiciones, mitos y leyendas y para mostrar lo mejor de su fina artesanía que hoy en día se vende por todo el mundo. Riohacha es la capital mundial del “Vallenato”, música tradicional del lugar alrededor de la cual se teje toda una cultura, declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.  

“Lo que me abrió los ojos, más que los libros fue la música, los cantos vallenatos, narraban como mi abuela” 

Aracataca

El recorrido sigue por el municipio en el que nació el escritor. Aracataca, población del departamento del Magdalena, que guarda el Museo Gabriel García Márquez, y toda la inspiración de la niñez del autor.

Valledupar

Valledupar es el siguiente destino, una llanura a los pies de la Sierra y de la Serranía del Perijá que se rodea de múltiples corregimientos indígenas. En esta ciudad capital del Departamento del Cesar, el Río Guatapurí y los árboles de mango y cañahuates, dictan las reglas de un ecosistema rico, acariciado por la brisa que baja del nevado que dista a pocos kilómetros de la ciudad. 

“Dos días después bajaron a la llanura luminosa donde estaba asentada la alegre población de Valledupar. Había peleas de gallos en los patios, músicas de acordeones en las esquinas, jinetes en caballos de buena sangre, cohetes y campanas” 

El amor en los tiempos del cólera

En Valledupar vale la pena visitar la moderna Catedral del Ecce Hommo, la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario construida en 1563, la plaza Alfonso López Pumarejo y los balnearios del río Guatapurí. La festividad que marca la visita de los amantes del folclor es “el Festival Vallenato”, una fiesta de acordeones y poesía que endulza la existencia con la amabilidad de los vallenatos y su sensibilidad y talento artístico.

Valledupar
Foto: ProColombia


Cartagena de Indias

Una vez, recorrida Valledupar se regresa hasta la ciudad de Cartagena, “La Heroica”, una ciudad colonial de arquitectura española y tradicionales Iglesias que se ha convertido en un destino imperdible a nivel internacional, por su belleza, su historia y colorido. La ciudad amurallada es el escenario de una de las novelas de mayor prestigio de García Márquez, “El Amor en los tiempos del Cólera”. 

“Desde el cielo, como la veía Dios, vieron la muy antigua y heroica ciudad de Cartagena de Indias, la más bella del mundo”

El amor en los tiempos del cólera. 

Patrimonio Mundial UNESCO, Cartagena es la ciudad en la que Gabriel García Márquez fue a estudiar en la universidad después de dejar la Universidad Nacional de Bogotá.  Allí dio sus primeros pinos como periodista en el periódico “El Universal”:  

“Habíamos llegado a la gran puerta del Reloj. Durante cien años hubo allí un puente levadizo que comunicaba la ciudad antigua con el arrabal de Getsemaní y con las densas barriadas de pobres de los manglares, pero lo alzaban desde las nueve de la noche hasta el amanecer. La población quedaba aislada no solo del resto del mundo sino también de la historia. Se decía que los colonos españoles habían construido aquel puente por el terror de que la pobrería de los suburbios se les colara a medianoche para degollarlos dormidos. 

Cartagena
Foto. ProColombia


Sin embargo, algo de su gracia divina debía quedarle a la ciudad, porque me bastó con dar un paso dentro de la muralla para verla en toda su grandeza a la luz malva de las seis de la tarde, y no pude reprimir el sentimiento de haber vuelto a nacer”

Vivir para contarla (Autobiografía)

En esta hermosa ciudad, es donde el escritor construyó su casa, esa que pensó que asistiría sus últimos días. La ciudad amurallada es una ciudad para caminar, para contemplar, para conocer la arquitectura colonial de las Iglesias que se construyeron desde 1580.  

La ruta de Macondo llega allí hasta su final, un viaje rico en cultura, música, cuentos, poesía y fiesta. La costa atlántica colombiana es un sueño real que vale la pena vivir y experimentar al menos una vez en la vida.  

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